Cómo se vive el Vía Crucis en uno de los tantos rincones de Colombia

Con la felicidad que cubre en su totalidad al cansancio y la tranquilidad que genera el deber cumplido, la vereda La Merced, perteneciente al municipio de Villapinzón, se viste del amor que le profesan cientos de feligreses a su salvador, luego de dar por terminada la celebración del viacrucis, cuyo objetivo es remembrar la denominada Pasión de Cristo para así difundir los valores que dicho acontecimiento representa en el mundo cristiano.

 

La cita tuvo lugar a las 8:30 am del viernes santo más reciente, en la Parroquia San Juan Bautista del ya mencionado municipio. Transcurrían los minutos presurosos por dar inicio a una de las celebraciones más grandes de la Semana Santa, y uno a uno llegaban los asistentes, los más grandes con cruz en mano, los más pequeños, para sorpresa de muchos, con una devoción radiante, expresada en sus rostros de alegría y curiosidad.

 

Pasados 30 minutos de la hora acordada, el Padre Marco Tulio García (de quien se escuchaban comentarios de agradecimiento por devolver al municipio la devoción y el respeto por su religión) dio inicio a la ceremonia del viacrucis con una oración inicial que encendió los ánimos de los aún indecisos y aumentó las ganas de los más fervorosos creyentes.

 

La “Vía Dolorosa” -así denominada por el mismo Padre- daba inicio con reflexiones que evocaban afecto, gratitud y admiración por la nueva cabeza de la Iglesia Católica, el Papa Francisco, a quien le agradeció por renovar el significado de Jesús en la vida de quienes acaso se habían alejado de él.

 

El sacristán de la parroquia, John Barriga Castiblanco, expresó que es necesario acudir a las palabras del Papa Francisco, pues él fue quien se encargó de renovar a la Iglesia Católica, ya que en este mundo posmoderno, donde se apologiza el mal y reina la individualidad, sus reflexiones han servido para “dar una apertura a aquellos que se han alejado, a esos escépticos que han dejado de lado a Dios (…), y él [El Papa Francisco] nos ha demostrado en su buen testimonio de vida de no discriminar a absolutamente nadie, y que la Iglesia sea más humilde, más sencilla, porque nos estamos dando cuenta de que es tan jerárquica y eso debe terminarse”.

 

Concluyó así la primera estación, en la cual quedó claro para los asistentes que la personificación de la Pasión inicia con la condena de su Mesías a muerte, entre tanto el llanto de un niño afloró cuando las primeras gotas de lluvia se asomaron por un instante, pero ello no detuvo ni un solo segundo el recorrido restante.

 

Entre estación y estación se podía percatar el ambiente que sólo es posible reconocer en los pueblos, y que justamente les hace únicos: viejos amigos reencontrándose, vecinos dándose el saludo matutino, personas cargando el viejo radio del abuelo para escuchar mejor las palabras del sacerdote, la plegaria individual, la pregunta recurrente del niño… y la religiosidad intacta.

 

La particularidad más agradable hasta este punto: cada estación fue cimentada por una familia diferente (todas voluntarias) y al final de la respectiva lectura del Evangelio y las reflexiones del Padre Marco Tulio y el Papa Francisco, se abrió paso a un espacio para agradecer a la familia correspondiente por el acto bondadoso y desinteresado de prestar su refugio para acoger a cientos de asistentes a la celebración, y había la posibilidad de otorgar una de las lecturas a un integrante de cada familia.

 

Llegando a la séptima estación, que corresponde al suceso denominado “Jesús cae por segunda vez” el Padre decide dar un pequeño espacio a sus palabras para alentar a los asistentes, pues aún restaba más de la mitad del camino para culminar la celebración, pero asimismo felicitó a las personas por su buen comportamiento y disposición durante el recorrido.

 

La fe exaltaba por el camino, que ya no era de cemento sino de arena, y el paisaje se permitió vestir de verde por todos lados, para dar a entender a todos que ya no estaban en el casco urbano del municipio y que se encontraban en la vereda La Merced, disfrutando del paraíso que tan cerca tienen pero que acaso pocas veces visitan.

 

Los más viejos entre los viejos alentaban a quienes cargaban con las grandes imágenes que iluminaban el sendero, y los que llevaban las tres grandes cruces de madera que lideraban el camino eran ayudados por integrantes de la Defensa Civil, que se mostraron atentos y activos durante toda la jornada.

 

Los pasos se aceleraban a petición del Padre, pues notó que la ceremonia estaba tardando más de lo acordado, y recordó que era adecuado que él estuviese a la 1 pm para preparar todo lo necesario para dar inicio a la Ceremonia de Crucifixión y Muerte de Jesucristo, que tendría lugar a las 3 pm.

 

Dando inmediata atención a su petición, los caminantes agilizaron sus pasos, y aún así, el espacio de las reflexiones y los agradecimientos tardó lo que debía tardar, pues en las propias palabras del Padre: “recordar la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo es muy importante, no se le debe privar a las nuevas generaciones de conocerla, ni que dejen acabar eso, que la vivan y experimenten sus vivencias”.

 

Paso a paso, cada vez más cerca del final del viaje que por casi 3 horas emprendieron cientos de feligreses que kilómetro a kilómetro mantuvieron su fe intacta, pues su excelso momento estaba a punto de culminar con la recreación de una de las escenas más trágicas de la historia.

 

Parada final, tras haber recorrido otras 13, la número 14 se ubicaba en lo más alto de una de las montañas de la vereda La Merced, donde una familia efectuó el préstamo de gran parte de sus predios para cavar las 3 grandes cruces que por más de 6 kilómetros transportaron feligreses voluntarios.

 

Desde llanto hasta sonrisas, pensamientos cruzados, y diferentes formas de enfrentar el paso final, los asistentes fueron ubicados ordenadamente para que todos pudieran apreciar el momento en que las cruces serían acomodadas en sus respectivos lugares. Johana Cárdenas, perteneciente a la Defensa Civil, asistió no sólo como voluntaria de la institución, sino como creyente católica, pues desde pequeña ha estado presente en las celebraciones del viacrucis en Villapinzón, porque asume la Pasión de Cristo como una de las enseñanzas más importantes de su vida, y hace énfasis en la importancia de inculcarlas a los menores “porque ahora hay niños que no saben ni qué es eso” haciendo referencia a la vida de Jesús.

 

Aún con gotas de lluvia merodeando por el lugar, decenas de asistentes se dispusieron a enterrar las cruces que con fervor cargaron durante tantos pasos, comenzando por una de las que representaba a los dos ladrones que acompañaron a Jesús el día de su crucifixión. Los niños inquietos que pretendían cruzar la barrera trazada por la seguridad eran reprendidos mientras hacían las correspondientes pruebas para afirmar que la cruz ya se hallaba fija.

 

Acto seguido clavaron la cruz de mayor tamaño, que representaba a Jesús en ella. Entretanto, Ana Francisca Guzmán, una de las feligreses asistentes, se mostraba afligida, ya que para ella, la celebración del viacrucis significa recordar la esperanza de la salvación y que, en sus propias palabras “el Señor nos va a ayudar en esta cuaresma a convertirnos (…), y a ayudar a la conversión de los pecadores”.

 

Al encontrarse las 3 cruces perfectamente ubicadas en su sitio predilecto, el Padre realizó una oración conclusiva donde expresó que la cruz, la misma a la que los feligreses en su mayoría se aferraban en aquel instante, no debía ser vista como un elemento que recuerde al dolor, sino por el contrario al amor que el hombre que murió en ella profesó en vida. Continuadamente los feligreses levantaron sus cruces y demás elementos religiosos, luego, el Padre finalizó diciendo: “Con devoción nos dirigimos a la cruz en la espera gozosa de Resurrección”.

 

Y así como a las 8 am en el atril de la Parroquia San Juan Bautista, uno a uno los feligreses fueron desapareciendo por un atajo que les llevaría directo al casco urbano que abandonaron casi 4 horas atrás. Las sonrisas que se alejaban de la vereda La Merced mientras contemplaban las grandes cruces, y que emanaban más que gratitud, se preparaban ya para asistir puntualmente a las 3 pm a un nuevo compromiso espiritual, con el mismo fervor de siempre.

El periodismo en el mundo digital: nuevos caminos, nuevos retos

Por: Natalia Lizarazo

Ya habíamos sido advertidos: “El futuro es ahora”, y tal consigna no podía desarraigarse de la labor periodística. El periodismo digital goza de su mayor auge en la actualidad, las nuevas tecnologías han abierto un centenar de posibilidades para la generación de nuevos canales y formas de comunicación más veloces e incluyentes, y está previsto que su evolución no se detendrá ni retrocederá.
El estadounidense Robert Hernández, periodista y docente de la Escuela de Comunicación y Periodismo de la Universidad del Sur de California, creador de la etiqueta “#wjchat” (Web Journalism Chat) en la plataforma Twitter, quien desde la década de los 90 se ha dedicado al periodismo digital, comparte sus acepciones y puntos de vista respecto a los ámbitos más relevantes que envuelven a su labor así como los retos que supone la transición de los medios impresos a los digitales: 

Según su trayectoria profesional en el ámbito web, y habiendo trabajado en medios impresos que actualmente sólo existen en el mundo digital, ¿considera que el periodismo digital requiere una capacidad investigativa y argumentativa mayor que el periodismo tradicional?

Sí y no; los valores en el periodismo tradicional son los mismos que se aplican en el periodismo digital, lo distinto, que no debería serlo, es la curiosidad respecto a la nueva tecnología digital, en cómo desarrollar y contar una nueva historia a través de los nuevos métodos, esa es la diferencia, ser curioso e investigativo se debe dar en los dos formatos, pero hay que dar pasos extra para experimentar con tecnología nueva, jugar con ella y probarla para ver cómo se puede ocupar en el periodismo.
 .

Se dice con frecuencia, y aún más en Estados Unidos, que el periodismo digital desbancó al periodismo tradicional por completo, y esta aseveración no es refutada habitualmente, pero ¿usted considera que el periodismo digital tiene alguna desventaja frente al periodismo tradicional? 
 .
En cada mercado es distinto, cada ciudad, cada país tiene una penetración de lo digital diferente, lo digital es más poderoso si hay más dispositivos móviles y acceso a Internet, aparte de la diferencia en los mercados, la desventaja general está en el liderazgo, los que mandan en las salas de redacción tienen más experiencia en lo impreso que en lo digital, la cultura es distinta. Lo digital es lo nuevo, mientras lo impreso, por ejemplo el diario tradicional se percibe como estable, los gerentes de lo estable se ponen nerviosos al ver algo que les hace salir de su zona de confort para arriesgarse, pero la tecnología está hecha para tomar riesgos, es perfecta para jugar y experimentar, es parte de una cultura que parece ser más moderna pero no tiene nada que ver con edad, porque he visto jóvenes rechazar lo digital y he visto la tercera edad ponerse en frente del medio digital, tiene que ver con la curiosidad, siendo abierto a lo nuevo. La desventaja es que lo digital, siendo lo nuevo, significa cambio, lo cual es un factor de “nervios”.

En este sentido, ¿cree que el periodismo digital en algún momento va a eliminar al periodismo impreso o seguirán conviviendo juntos? Teniendo en cuenta que usted vivió la transición del periódico The Seattle Times al mundo web, e incluso fue pieza clave en dicho proceso.

Creo que algún día el papel se va a reducir más drásticamente pero no eliminar, vemos como, por ejemplo en la música; tenemos el mp3 pero todavía venden CDs y vinilos, los cuales aún tienen valor. Las revistas, la experiencia que tengo con ellas es diferente a la que tengo viéndolas en la computadora o el smartphone. Así que sí van a convivir, y va a llegar el tiempo en que va a dominar más lo digital, está pasando ahora, incluso dominan más los pequeños dispositivos móviles que el laptop. Y de este modo, surge la pregunta: ¿va a haber futuro en periodismo? Sí, el contenido va a estar constante, no importa si es en papel o en digital, siempre habrá contenido, el periodismo tiene un futuro brillante y poderoso, nunca se irá, el periodismo siempre va a estar presente, no importa si es en papel o en mi teléfono, consumir información siempre va a ser necesario.

Como periodista digital sabe que la dimensión espacio-tiempo se ha modificado, generando nuevas dinámicas de transmisión de información, que tienen que ver con la rapidez y la agilidad; la primicia. ¿Cree que en el periodismo digital, la velocidad supera a la minuciosidad al momento de informar? Y de no ser así, ¿cómo es posible lograr un equilibro entre ambos elementos?
Es un riesgo que se amplía en lo digital, pues la inmediatez también debe dar tiempo para pensar. En lo digital va a haber más errores, y se moverán más rápido, pero eso significa que los valores del periodismo profesional son más importantes que antes, porque hay que ser transparente y ético en tiempo real, tengo que tomar decisiones inmediatas para servir a mi comunidad. Hay que ser responsables con los errores. El periodismo verdadero va a tener naturalmente esta clase de errores, pero el periodista debe saber andar en este ambiente. El consumidor del medio también debe madurar y reconocer los reportajes que toman meses y las noticias en tiempo real, para no juzgar arbitrariamente.

Usted ejerce la docencia, por tanto el plagio debe ser un tema frecuente en su trabajo. ¿Le parece que las soluciones actuales para controlarlo en la web son suficientes y qué cree que pueda hacerse para combatir dicho problema?
A mí me gusta que no haya control, me gusta que haya más voces participando, tratando de informar a sus comunidades. Cuando yo trabajaba para diarios impresos contamos las historias de nuestra comunidad, pero no todas, ahora la comunidad ya no tiene que depender del periodista para contar sus historias, y era nuestra culpa, no éramos perfectos, el rol del periodista es encontrar las noticias e historias que deben amplificarse y distinguir lo verdadero de lo falso, es una nueva dinámica, con el cambio de juego hay más competencia, lo cual hace más activos a los periodistas, hace 6 u 8 años, un periodista escribía una nota cada dos semanas, ahora el periodismo digital supone una conexión en todo momento. Me gusta, es distinto, supone más trabajo, pero es muy emocionante para ver este experimento pasando y sabiendo que yo lo estoy guiando y cambiando, me gusta.
Y adentrándonos en los usuarios ¿Considera que la credibilidad y la fidelidad de estos es más difícil de lograr en el periodismo digital?
Los consumidores deben ser más cuidadosos con la información, pues hay más voces creándola, la mayoría son honestos y tratan de informar a la comunidad, pero hay personas en la comunidad a las que les gusta mentir, el consumidor debe ser activo para reconocer quién le dice la verdad y quién no. Además en el periodismo actual no hay un certificado que dice “yo soy periodista”, cualquier persona puede ejercerlo. La credibilidad se construye con el tiempo y es lo más importante para un periodista, para mí, se debe proteger a toda costa. Si yo le miento a mi comunidad, pierdo el poder de comunicar. Todo acto de periodismo es un acto de fe; yo como periodista tengo fe de que quienes entrevisto me dicen la verdad, que las fuentes a las que acudo no me mienten, el editor debe tener fe en mí, el usuario debe tener fe en lo que el periodista le dice. Si alguno de ellos la pierde, se pierde la credibilidad y se pierde todo. Puede perderse rápido algo que se ganó en años. Y no sólo en el periodismo digital, la credibilidad atraviesa todas las relaciones humanas.
También ha habido un problema frecuente entre los periodistas diferenciando lo noticioso con la opinión, ¿cómo cree que un periodista digital debe manejar el sesgo entre estos dos elementos? Quiero decir; si un periodista de la web cuyas publicaciones son noticiosas, de repente quiere escribir una columna/entrada de opinión, ¿puede hacerlo sin perder confianza o credibilidad?
Se ha visto con bloggers que ellos creen que por ser un medio digital pueden dar su opinión. La meta en el periodismo es la transparencia, y parece que hemos decidido que la objetividad no se logra, por ejemplo, si soy un inmigrante y tengo mis acepciones, con eso quizá no vale la pena hacer un reportaje sobre inmigración, debo aprender a separarme de los temas que más me tocan. Uno como periodista puede expresar sus puntos de vista, pero debe saber que al expresar sus opiniones puede abrir o cerrar puertas, porque el usuario se da cuenta del tinte personal que se le pone a la noticia. Como periodista debemos saber que no somos ciudadanos normales, somos como un “servicio público”, esto no es un trabajo, es una forma de vida que decidimos tomar. Hay que saber cuándo opinar, y entender que mi opinión como periodista influye en los demás, y ese no es el objetivo.
Por último, ¿gustaría compartir una reflexión para todos los periodistas que temen de la transición del periodismo tradicional al digital?
Sí, quiero decirles que esto no es nuevo, se siente que es nuevo pero no lo es, es algo por lo que ya hemos pasado, primero fue el diario, cuando nació la radio, era el diario leído en la radio, cuando llegó el televisor, era la radio en la televisión, vino la internet y cada uno de estos medios vino en la misma forma allí, esto es sólo evolución, lo que no cambia son los valores del periodismo, el punto es informar a la comunidad, lo distinto es la forma de hacerlo. Si mi comunidad está en Twitter yo debo estar en Twitter, si mi comunidad está en Snapchat, yo debo estar en Snapchat, yo no debo juzgar dónde está mi comunidad, yo soy periodista para mi comunidad. Hay que jugar con las formas digitales, para hacer avanzar el periodismo, y mejorar las formas de informar a la comunidad. Es un cambio que vale la pena, y además de necesario, es divertido.

Reflexiones: El Príncipe de Maquiavelo y su vigencia en la actualidad

Por: Natalia Lizarazo

La primigenia sinrazón de la política expresada en El Príncipe que la considera como la retórica de la soberanía para seducir al pueblo con el propósito de la conservación y el incremento del poder de un Estado, ha generado, bajo mi perspectiva (y muy seguramente bajo la de cualquiera que tenga sus cinco sentidos exactos), una lamentable y confusa escisión conceptual entre el bien común y justamente, la política, pues si bien en la obra se expresa que un Estado velará por el bien colectivo y la libertad de los gobernados, ello se justifica en que tales acciones repercuten directamente en el bien individual de un gobernante, es así que el bien común se convierte en un requisito lógico para llegar al otro. Y en tanto la preocupación por el bien de los gobernados radique únicamente en una táctica de prerrogativa para el príncipe, el sometimiento encabezará la lista de palabras recurrentes para definir a una nación.

Al expresar Maquiavelo que el príncipe no tiene motivo alguno de cumplir con su palabra y puede romper pactos, justificándose en el visceral argumento de que la religión es un elemento amortiguador de los ánimos de los gobernados, que la guerra es pilar fundamental para la firmeza y fortaleza de un Estado, que a toda costa debe generarse en los mismos gobernados un sentimiento de patriotismo, que tanto el bien como el mal pueden incurrir en el bien y al dar herramientas e instrumentos de dominación, formula una doctrina política trascendental, que acaso inoportunamente me parece meritoria de tener una validez universal, utilizada por un centenar de gobiernos en la actualidad.

Retomando el concepto de retórica, del cual seguiré asegurando es el pilar fundamental del “arte político”, debo precisar que nunca será el elemento definitivo de dominación, pues esta requiere de instrumentos intimidantes. Es entonces un claro ejemplo el descubrimiento y proceso de colonización española en América, el cual encierra la ética maquiavélica en su máxima expresión: si para conservar un Estado es necesaria la dominación, para adquirir soberanía en un territorio que se regía por sus propias leyes (o en su defecto no poseía) se hace indispensable destruirlo para después radicarse en él. Y es que, las carabelas españolas armadas hasta los dientes, cargadas de demonios y malos presagios, gustosas y ansiosas por oro, con impetuosos sueños de saqueo y estafa, y llenas de emisarios descarados del engaño y la trampa, contaban con un horizonte claro respecto a sus acciones en el Nuevo Continente, su diferencia con la lógica maquiavélica parte del hecho de que nunca se preocuparon por que los medios empleados pareciesen buenos, tal como Maquiavelo expresa debería propenderse.

Qué le queda al pueblo entonces más que la máscara de ignorancia que se le ha otorgado por siglos, qué le queda más que apologizar ciegamente a los que con su disfraz de benevolencia venden ideas sin columna, pero que son compradas con tanta facilidad. ¿Habrá entonces un día en que el juicio del pueblo desemboque en verdad y no en opinión? ¿Será entonces la patria no más que un eufemismo burdo, vil y barato para referirse simplemente a los pedazos de tierra que gobernantes hicieron suyos sólo por haber descubierto lo que nunca imaginaron, o por un golpe de fortuna, o por el deseo enfermizo de poder, o será quizá simplemente el concepto propagandístico más conveniente para que el pueblo gobernado siga alimentando al pez gordo?. El caso es que seguirá siendo usado como un recurso aparatoso para alimentar el discurso recurrente, que por cierto, funciona tan acertadamente en el país nuestro.

Crítica: The Bang Bang Club

Por: Natalia Lizarazo

Crítica: The Bang Bang Club

Muchas de las fotos de los sangrientos meses finales del apartheid fueron tomadas por cuatro fotógrafos conocidos como “The Bang Bang Club”, pues su voluntad de arriesgarse a la muerte les permitía obtener grandes capturas. Dos de ellos se hicieron merecedores del premio Pulitzer. Valientes, temerarios o arrogantes, no sé bien cuál palabra les describe con más precisión.

Cuatro fotógrafos, todos ellos blancos, disparan sus cámaras en medio de fuertes tensiones entre grupos de negros que se atacan unos a otros, o es lo que puede apreciarse. Pero, ¿por qué los negros ignoran en gran medida a estos blancos en medio de ellos? ¿Por qué está su atención tan concentrada en enemigos del mismo color? Los fotógrafos, en repetidas ocasiones, sólo sostienen sus cámaras, y reiterativamente dicen “¡prensa!”, como si ello fuese a resolver todo, y bueno, casi siempre lo hace. En 1994, la minoría blanca seguía involucrada en la lucha contra las manifestaciones de la multitud negra, pero casi todos los combates fotografiados por el Bang Bang Club eran de “negro contra negro”. El sinsabor que me dejó el hecho de no haber visto más señales del apartheid es casi similar a las enseñanzas que pudo otorgarme el filme. Cuatro fotógrafos con ínfulas de inmortalidad, buscan entre balas y sangre, capturar los mejores encuadres a toda costa, pero ¿estos cuatro hombres nunca tuvieron largas discusiones acerca de la situación de Sudáfrica y el apartheid mismo? Estoy segura de que sí, pero no hay mucho de ello en la película. ¿Fueron sus fotos destinadas a fortalecer o debilitar el gobierno? Tampoco hay mucho de ello al respecto. A ellos, más allá de su pasión por la fotografía, les interesaba el dinero y la gloria, nutrirse de adrenalina. Para ellos, de algún modo, la realidad del apartheid fue sólo una sesión de fotos. Más tarde dos de ellos se rotarían por todo el Oriente Próximo, como quien cambia de estudio.

Bueno, ese es su trabajo, su oficio y su pasión. Sin embargo, elude la pregunta: ¿Cuál es su inversión como seres humanos? Kevin Carter toma una desgarradora fotografía. La imagen gana el Premio Pulitzer. En rueda de prensa se le pregunta qué le pasó a la chica. Él no lo sabe. ¿No se hace nada para ayudarla? No. Este es un dilema universal de los periodistas en la cara de la tragedia. ¿Cuántos de ellos ahuyentarán al buitre y socorrerán a la niña? ¿Cuántos tomarán la fotografía?. La película plantea la cuestión pero no ofrece ninguna respuesta. Tal vez no la hay, o es tristemente obvia. Pero es entonces cuando viene el sinsabor. ¿Qué enseñanza me aportaron cuatro periodistas gráficos de guerra con las caracterizaciones que he planteado? Estoy segura de que prefiero comprender una situación política y su trasfondo, y empaparme en documentación, soportando la aflicción de la distancia que me aparta del lugar de los hechos antes de vender una imagen sobre una guerra de la que no tengo seguridad de por qué inició y por qué aún no termina. Arriesgar la vida para mostrar una realidad es un acto heróico, pero cuán insolente es mostrar una realidad sin la conciencia necesaria para hacerlo, no lo sé. No siento que los cuatro fotógrafos desempeñasen la labor de un reportero de guerra adecuadamente. No es sólo cuestión de disparar una cámara en tiempos difíciles, ni es sólo asegurarse de no morir en el intento. Digamos entonces, que la mayor enseñanza que me dejó el filme, fue justamente no repetir las acciones de los fotógrafos del Bang Bang Club, o hacerlo con deliberación, la necesaria en tiempos de guerra.

The Bang Bang Club parece curiosamente ajena a Sudáfrica en su conjunto. Si esta fuera la única película sobre esa nación, quien la viese resultaría menos informado de lo que estaba antes. Sólo nos resta recordar a cuatro hombres que tuvieron algunos tiempos buenos y otros no tanto. Pero al final del día, la gran historia no era suya. Bang bang.

La artista que transforma la realidad en armonía

Por Natalia Lizarazo

Originalmente publicado en: http://canalcultura.org/2013/08/17/la-artista-que-transforma-la-realidad-en-armonia/

“Mi nombre es Lola, y soy una soñadora”.

Así se describe la artista californiana Lola Gil nacida en 1975. Probablemente usted no ha escuchado su nombre en los medios de comunicación, o nunca ha visto obras suyas expuestas en los más importantes museos de arte moderno del mundo (aún). Quizá sea porque dedicó gran parte de su vida al arte expresado en tatuajes corporales y hace unos cuantos años decidió consagrarse en el oficio de las artes plásticas, o quizá porque su interés principal no es la fama o el reconocimiento internacional, quizá.

Esta artista plástica estadounidense afirma que su mayor logro en la universidad fue encontrar sus propias técnicas para expresarse a través del arte y que su edad no define su personalidad. Su vida como tatuadora profesional, aunque prolífera, no logró satisfacer al 100% sus razones para vivir como artista. Su trabajo estético no es más que la realidad en la que ella quisiera vivir, es un escape visual de las pesadillas que rodean a diario al mundo: guerra, dolor, desastre. Lola afirma que se dedicó a las artes plásticas porque su talento es su más preciado regalo en la vida, Lola pinta para crear un diálogo positivo entre extraños, para desarmar la realidad y armarla de nuevo para la vida, Lola canta a través del pincel, Lola sensibiliza lo que la realidad endureció violentamente, Lola es armonía, Lola es vida. Y la vida, para Lola es “exactamente lo que tú haces con ella”, es por eso que ella emplea su talento en crear y ejecutar espacios donde el universo evolucione en criaturas opuestas a lo existente, es decir, en inocencia, rescatando elementos de su niñez que le han impulsado a ser una mejor persona, elementos que surgieron de su imaginación. Lola nunca ha pretendido fama, pero si ella, a través de su trabajo, logra que el espectador traiga de vuelta algún recuerdo de su pasado, algún recuerdo tan agradable que le permita suspirar o sonreír,  es entonces cuando siente que no pudo haber hecho algo mejor con el pincel y el lienzo.

Lola es una amalgama entre amor por la naturaleza, la humanidad y el surrealismo, y se siente afortunada por poder expresarlos en lo que más le gusta; la pintura, su arma contra la cotidianidad, su escudo como liberación de la realidad que tanto le ha aterrado desde su infancia. Lola no pinta por pintar, no pinta sólo porque lo hace bien, Lola pinta para sentir que realmente se encuentra con vida, sus cuadros no son una cátedra de nada ni un ajuste de cuentas con la sociedad, tampoco pinta por el afán de pertenecer al séquito de los que se quejan y hacen del inconformismo un pendón, Lola sólo ataca a la caótica realidad en la que se halla inmersa con las manos que el destino le obsequió y la imaginación indeleble que la ha caracterizado desde siempre: Me concentro en la vida actual, que parece ser completamente caótica. Mi objetivo es relatar lo que está ocurriendo y exponerlo como una declaración visual. A través de este proceso cuento una historia que encuentra una camino para ayudar a abrir la mente en una forma sana de ir avanzando. Por otro lado, amo el poder ver el arte, amo ser transportada y estimulada. Es un poco como una droga, ver algo que me llama la atención y me quita el aliento”.

El proceso de creación de las obras de Lola Gil inician con visiones que se presentan justo antes de dormir, afirma la artista. Antes de caer bajo el manto del sueño, olvida por un instante la realidad que desafía a la felicidad, y es allí cuando puede ver todo más claro, pues lo único que recuerda, lo único que su mente es capaz de reproducir cuando “la luz se va” es lo que posteriormente quedará plasmado en el lienzo, no hay bocetos previos, no hay apuntes en una libreta que exorcice las ideas, sólo hay una visión intermitente de lo que será otra creación de la californiana. La característica principal de sus obras son sus personajes, los cuales según Gil, nacen como “representaciones de sentimientos” junto con la inhabilidad de comunicarlos verbalmente. Afirma que aquello que le cuesta dibujar son sus sueños, pues su mayor sueño es ser una pintora realista con una estética retorcida. Lola Gil no teme expresar que es “dolosamente lenta” en su técnica, pues emplea múltiples capas delgadas de pintura, y por si ello fuera poco, sus ideas cambian/evolucionan a la par con la nueva creación, así que esta se halla sujeta a cambios drásticos incluso estando a un par de días de ser finalizada.

Lola disfruta una pintura suya con o sin espectadores, con o sin exhibiciones, con o sin halagos, Lola se pierde a sí misma en su trabajo, Lola se libera y exorciza sus fantasmas mientras pinta, Lola puede hablar de amor o de caos, ella no pretende hacer del mundo un lugar mejor, sólo quiere ser alguien que disfrute su paso de cometa por el mundo, para así ser alguien mejor,  y qué mejor forma de hacerlo que amando lo que se hace.

Página oficial: http://www.lolafineart.com
Instagram: http://instagram.com/lolagil