Cómo se vive el Vía Crucis en uno de los tantos rincones de Colombia

Con la felicidad que cubre en su totalidad al cansancio y la tranquilidad que genera el deber cumplido, la vereda La Merced, perteneciente al municipio de Villapinzón, se viste del amor que le profesan cientos de feligreses a su salvador, luego de dar por terminada la celebración del viacrucis, cuyo objetivo es remembrar la denominada Pasión de Cristo para así difundir los valores que dicho acontecimiento representa en el mundo cristiano.

 

La cita tuvo lugar a las 8:30 am del viernes santo más reciente, en la Parroquia San Juan Bautista del ya mencionado municipio. Transcurrían los minutos presurosos por dar inicio a una de las celebraciones más grandes de la Semana Santa, y uno a uno llegaban los asistentes, los más grandes con cruz en mano, los más pequeños, para sorpresa de muchos, con una devoción radiante, expresada en sus rostros de alegría y curiosidad.

 

Pasados 30 minutos de la hora acordada, el Padre Marco Tulio García (de quien se escuchaban comentarios de agradecimiento por devolver al municipio la devoción y el respeto por su religión) dio inicio a la ceremonia del viacrucis con una oración inicial que encendió los ánimos de los aún indecisos y aumentó las ganas de los más fervorosos creyentes.

 

La “Vía Dolorosa” -así denominada por el mismo Padre- daba inicio con reflexiones que evocaban afecto, gratitud y admiración por la nueva cabeza de la Iglesia Católica, el Papa Francisco, a quien le agradeció por renovar el significado de Jesús en la vida de quienes acaso se habían alejado de él.

 

El sacristán de la parroquia, John Barriga Castiblanco, expresó que es necesario acudir a las palabras del Papa Francisco, pues él fue quien se encargó de renovar a la Iglesia Católica, ya que en este mundo posmoderno, donde se apologiza el mal y reina la individualidad, sus reflexiones han servido para “dar una apertura a aquellos que se han alejado, a esos escépticos que han dejado de lado a Dios (…), y él [El Papa Francisco] nos ha demostrado en su buen testimonio de vida de no discriminar a absolutamente nadie, y que la Iglesia sea más humilde, más sencilla, porque nos estamos dando cuenta de que es tan jerárquica y eso debe terminarse”.

 

Concluyó así la primera estación, en la cual quedó claro para los asistentes que la personificación de la Pasión inicia con la condena de su Mesías a muerte, entre tanto el llanto de un niño afloró cuando las primeras gotas de lluvia se asomaron por un instante, pero ello no detuvo ni un solo segundo el recorrido restante.

 

Entre estación y estación se podía percatar el ambiente que sólo es posible reconocer en los pueblos, y que justamente les hace únicos: viejos amigos reencontrándose, vecinos dándose el saludo matutino, personas cargando el viejo radio del abuelo para escuchar mejor las palabras del sacerdote, la plegaria individual, la pregunta recurrente del niño… y la religiosidad intacta.

 

La particularidad más agradable hasta este punto: cada estación fue cimentada por una familia diferente (todas voluntarias) y al final de la respectiva lectura del Evangelio y las reflexiones del Padre Marco Tulio y el Papa Francisco, se abrió paso a un espacio para agradecer a la familia correspondiente por el acto bondadoso y desinteresado de prestar su refugio para acoger a cientos de asistentes a la celebración, y había la posibilidad de otorgar una de las lecturas a un integrante de cada familia.

 

Llegando a la séptima estación, que corresponde al suceso denominado “Jesús cae por segunda vez” el Padre decide dar un pequeño espacio a sus palabras para alentar a los asistentes, pues aún restaba más de la mitad del camino para culminar la celebración, pero asimismo felicitó a las personas por su buen comportamiento y disposición durante el recorrido.

 

La fe exaltaba por el camino, que ya no era de cemento sino de arena, y el paisaje se permitió vestir de verde por todos lados, para dar a entender a todos que ya no estaban en el casco urbano del municipio y que se encontraban en la vereda La Merced, disfrutando del paraíso que tan cerca tienen pero que acaso pocas veces visitan.

 

Los más viejos entre los viejos alentaban a quienes cargaban con las grandes imágenes que iluminaban el sendero, y los que llevaban las tres grandes cruces de madera que lideraban el camino eran ayudados por integrantes de la Defensa Civil, que se mostraron atentos y activos durante toda la jornada.

 

Los pasos se aceleraban a petición del Padre, pues notó que la ceremonia estaba tardando más de lo acordado, y recordó que era adecuado que él estuviese a la 1 pm para preparar todo lo necesario para dar inicio a la Ceremonia de Crucifixión y Muerte de Jesucristo, que tendría lugar a las 3 pm.

 

Dando inmediata atención a su petición, los caminantes agilizaron sus pasos, y aún así, el espacio de las reflexiones y los agradecimientos tardó lo que debía tardar, pues en las propias palabras del Padre: “recordar la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo es muy importante, no se le debe privar a las nuevas generaciones de conocerla, ni que dejen acabar eso, que la vivan y experimenten sus vivencias”.

 

Paso a paso, cada vez más cerca del final del viaje que por casi 3 horas emprendieron cientos de feligreses que kilómetro a kilómetro mantuvieron su fe intacta, pues su excelso momento estaba a punto de culminar con la recreación de una de las escenas más trágicas de la historia.

 

Parada final, tras haber recorrido otras 13, la número 14 se ubicaba en lo más alto de una de las montañas de la vereda La Merced, donde una familia efectuó el préstamo de gran parte de sus predios para cavar las 3 grandes cruces que por más de 6 kilómetros transportaron feligreses voluntarios.

 

Desde llanto hasta sonrisas, pensamientos cruzados, y diferentes formas de enfrentar el paso final, los asistentes fueron ubicados ordenadamente para que todos pudieran apreciar el momento en que las cruces serían acomodadas en sus respectivos lugares. Johana Cárdenas, perteneciente a la Defensa Civil, asistió no sólo como voluntaria de la institución, sino como creyente católica, pues desde pequeña ha estado presente en las celebraciones del viacrucis en Villapinzón, porque asume la Pasión de Cristo como una de las enseñanzas más importantes de su vida, y hace énfasis en la importancia de inculcarlas a los menores “porque ahora hay niños que no saben ni qué es eso” haciendo referencia a la vida de Jesús.

 

Aún con gotas de lluvia merodeando por el lugar, decenas de asistentes se dispusieron a enterrar las cruces que con fervor cargaron durante tantos pasos, comenzando por una de las que representaba a los dos ladrones que acompañaron a Jesús el día de su crucifixión. Los niños inquietos que pretendían cruzar la barrera trazada por la seguridad eran reprendidos mientras hacían las correspondientes pruebas para afirmar que la cruz ya se hallaba fija.

 

Acto seguido clavaron la cruz de mayor tamaño, que representaba a Jesús en ella. Entretanto, Ana Francisca Guzmán, una de las feligreses asistentes, se mostraba afligida, ya que para ella, la celebración del viacrucis significa recordar la esperanza de la salvación y que, en sus propias palabras “el Señor nos va a ayudar en esta cuaresma a convertirnos (…), y a ayudar a la conversión de los pecadores”.

 

Al encontrarse las 3 cruces perfectamente ubicadas en su sitio predilecto, el Padre realizó una oración conclusiva donde expresó que la cruz, la misma a la que los feligreses en su mayoría se aferraban en aquel instante, no debía ser vista como un elemento que recuerde al dolor, sino por el contrario al amor que el hombre que murió en ella profesó en vida. Continuadamente los feligreses levantaron sus cruces y demás elementos religiosos, luego, el Padre finalizó diciendo: “Con devoción nos dirigimos a la cruz en la espera gozosa de Resurrección”.

 

Y así como a las 8 am en el atril de la Parroquia San Juan Bautista, uno a uno los feligreses fueron desapareciendo por un atajo que les llevaría directo al casco urbano que abandonaron casi 4 horas atrás. Las sonrisas que se alejaban de la vereda La Merced mientras contemplaban las grandes cruces, y que emanaban más que gratitud, se preparaban ya para asistir puntualmente a las 3 pm a un nuevo compromiso espiritual, con el mismo fervor de siempre.

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